Demencia en ancianosEn una sociedad cada vez más envejecida como la nuestra, los problemas asociados muchas veces en la tercera edad, como es la demencia en ancianos, son algo considerablemente extendido en determinados sectores de la población. En este primer tercio del siglo XXI, ya aparece como un notorio problema sanitario la extensión de estos síndromes tan notoriamente discapacitantes.

El síndrome de la demencia senil consiste en varios problemas graves a nivel cognitivo:

Pérdida de memoria, tanto a corto como a medio y largo plazo.

Pérdida de otras facultades cognitivas superiores, tales como la capacidad resolutiva y de planificación, o la capacidad de realizar actividades cotidianas sencillas como vestirse, atarse los zapatos, etc.

Alteraciones del comportamiento. En este apartado concreto, la persona se vuelve más irritable e irrespetuosa, no sigue determinadas convenciones sociales incluso las más básicas, experimenta repentinos cambios de humor, tiende a aislarse socialmente, etc.

 

Síntomas de demencia senil en ancianos

Además, para serlo, la demencia debe presentar una serie de características que la definen como tal, a saber:

  • Presentar un nivel de conciencia normal, sobre el que se van desarrollando las múltiples alteraciones.
  • Tratarse de un síndrome adquirido, y no de un problema neurológico de carácter genético o innato.
  • Persistir en el tiempo: es decir, ser de tipo crónico y no meramente pasajero.
  • Afectar diversas funciones cognitivas, y a veces también motoras (como sucede en las demencias subcorticales o en las últimas fases del alzhéimer).
  • Poseer un nivel de intensidad tal que afecte al funcionamiento personal, pero también en el entorno social, incluido el ámbito laboral y profesional.

La demencia afecta a grupos de población de edad avanzada, y es más frecuente cuanto mayor es la edad: de hecho, a partir de los 70 años, perjudica a un 3’2%, y a partir de los 80 años, a un 10’8%, según algunos estudios.

 

Tipos de demencia en ancianos

Los síntomas de los síndromes demenciales varían según los diversos tipos de demencia en ancianos. Por ejemplo:

  • Enfermedad de alzhéimer. Se trata de una demencia degenerativa de origen desconocido, que se caracteriza por la pérdida de memoria paulatina y continua. Afecta al resto de las facultades cognitivas superiores, hasta el punto de provocar la discapacidad del anciano o su pérdida de autonomía personal. Esta patología viene provocada por la rápida y anormal reproducción de placas neuríticas y ovillos de proteína beta-amiloide en torno a las neuronas, sobre estas y en su interior, de tal manera que entorpecen y destruyen gradualmente la actividad neurológica del sujeto.
  • Demencias frontotemporales. El declive de las facultades cognitivas de la persona afectada se produce de manera inadvertida y muy lentamente, con mucha mayor lentitud que, por ejemplo, en el alzhéimer. Estas demencias se han conocido tradicionalmente como enfermedad de Pick, pero la clasificación médica se está variando para incluirlas en un grupo más amplio.
  • Demencias subcorticales. Por lo común, aparecen en pacientes que padecen enfermedad de Huntington o Parkinson. Produce alteración de los movimientos, bradicinesia (esto es: movimientos más lentos de lo normal), o movimientos anormales en general, entre otros síntomas. Se producen alteraciones en el estado mental y el comportamiento y frecuentes caídas.
  • Demencias vasculares. Son generalmente producidas por isquemias (pequeños infartos cerebrales) y otros accidentes cerebrovasculares. Comienzan de forma brusca y luego son más graduales en su desarrollo.
  • Demencias secundarias. Son trastornos que generalmente vienen producidos por factores como la polifarmacia (uso de fármacos diversos en la medicación), enfermedades previas del sistema nervioso central, o problemas de las tiroides, déficit de vitamina B12, etc.

 

Como podemos ver, la demencia en ancianos adopta múltiples formas, y la mejor forma de combatirla es mediante un ejercicio activo y saludable: actividad física e intelectual, actividad social, y una dieta sana y equilibrada. Además, es fundamental que las facultades cognitivas, entre ellas la memoria, se ejerciten diariamente para prevenir estos síndromes o, en su caso, retrasar su avance.