A pesar de que está incrementándose la masa de población envejecida, y de la mayor sensibilización generalizada con los problemas de las personas de avanzada edad o con pérdida de la autonomía personal, lo cierto es que todavía hay un gran desconocimiento de la labor del asistente personal de ayuda a domicilio.

Esta figura profesional surge por una cuestión relacionada con los derechos humanos de las personas dependientes. La Asamblea General de la ONU aprobó por Resolución del 20 de diciembre de 1993, las Normas Uniformes sobre la igualdad de oportunidades de las personas con discapacidad, que muy resumidamente proclamaban lo siguiente:

 

 

  • Los Estados deben proporcionar a las personas dependientes y con discapacidad los servicios auxiliares que necesiten, incluyendo servicios de intérprete, y por supuesto, asistente personal.
  • Los Estados deben elaborar programas de interpretación y de asistencia personal que posibiliten la mayor participación de las personas discapacitadas y dependientes en el trabajo, la escuela, las instituciones, su tiempo de ocio, y su propio hogar.
  • Tales programas de asistencia personal deberán estar concebidos de tal suerte que las personas afectadas por ellos puedan ejercer una influencia que resulte determinante en su desarrollo práctico.

Pero, además, en su Resolución de 1998 sobre los derechos humanos de las personas discapacitadas, establece que cualquier discriminación negativa contra las personas dependientes y con discapacidad, será considerada un claro atentado contra sus derechos humanos.

Así pues, la labor del asistente personal es una profesión de vital importancia, pues la asistencia a las personas con pérdida o carencia de autonomía o con discapacidades, se considera una cuestión de derechos humanos.

 

En qué consiste esta figura profesional

El asistente personal es, pues, un profesional especializado y cualificado en el apoyo a las personas con diversidad funcional. En nuestro país se ha incorporado muy recientemente a los servicios sociales ofrecidos, ello a raíz de la llamada Ley de Dependencia de 2006. Sin embargo, en Estados Unidos ya era una figura popularizada desde hace unos treinta años, y en varios países de Europa, lleva implantada más de dos décadas.

Pero un asistente personal no es, al fin y al cabo, sino una persona que ayuda a otra a poder desarrollar sus tareas cotidianas y su vida diaria. Sin embargo, el que una persona haya visto mermadas sus capacidades físicas, no significa que haya perdido su capacidad de decisión. Por ello, el asistente personal de ayuda a domicilio debe poseer la empatía y el respeto por la persona cuidada y lo que esta decida: he aquí una de las actitudes fundamentales del profesional de este campo.

 

Qué labores desempeñan estos profesionales

El profesional de la asistencia personal a domicilio deberá llevar a cabo un amplio abanico de tareas para apoyar y ayudar a la persona que se halla a su cuidado:

  • Tareas propias del hogar: planchar la ropa, hacer la compra, preparar y servir la comida, limpiar, lavar la ropa, tender, cambiar las ropas de cama, hacer la cama de la persona a su cuidado, etc.
  • Hacer compañía a la persona cuidada, en todas las situaciones y lugares donde a esta le sea necesario.
  • Ayuda en las tareas personales más cotidianas y normales de cada persona, como lo son beber, comer, vestirse, asearse, vestirse y desvestirse, desahogar las perentorias necesidades de la fisiología, tomar notas, meterse en la cama, etc.
  • Conducir el vehículo de la familia o persona: necesario para llevarla a los lugares donde necesite ir, llevar la compra, recoger a la persona cuidada o a otros, etc.
  • Interpretación: cuando una persona no puede comunicarse con su entorno por problemas relacionados con su propia discapacidad, el asistente personal le hace las veces de intérprete (por ejemplo, de la lengua de signos).
  • Otras tareas especiales o excepcionales.

 

Huelga decir que las personas que realizan estas labores han de contar con una formación especializada y la titulación profesional correspondiente, como así lo exige el artículo 36 de la Ley 39/2006: esto es, la popularmente denominada Ley de Dependencia.

 

Por ello es importante acudir a empresas de servicios que nos garanticen el que los profesionales estén debidamente capacitados y posean las aptitudes necesarias. Así podremos dejar a estas personas al cuidado de auténticos y experimentados profesionales.